Cada día surgen nuevas dudas sobre la comunicación de los resultados de la investigación sobre las vacunas que están desarrollando las empresas que están en carrera por liderar el mercado mundial de las vacunas contra la COVID-19. Primero se cuestionó la audacia o temeridad del gobierno ruso de anunciar que su vacuna Sputnik V había sido exitosa. En realidad, no había empezado la fase 3 de los estudios clínicos de dicha vacuna cuando fue anunciada como eficaz. Fue una temeraria medida del presidente ruso por ganar por puesta de mano y dominar el mercado.

Ahora sucede que una gran empresa farmacéutica norteamericana, en consorcio con otra empresa alemana, anuncia por medio de la prensa la eficacia de su vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2, que se encuentra en la fase 3 de su estudio clínico[i]. Lo hace sin publicar pruebas científicas que sustenten dicha eficacia. Todos lo aceptamos. En especial lo aceptan sin mayores dilaciones los que tienen la prerrogativa de firmar contratos para la compra de las vacunas, para hacer pagos por adelantado, sin tener datos científicos sobre su eficacia, efectividad y seguridad. El argumento es que tenemos que prevenir luego la escasez de la vacuna en el mercado mundial; tenemos que ganar por puesta de manos. En realidad, se nos podrían quemar las manos. ¿El gobierno peruano se ha comprometido a comprar casi 10 millones de dosis de vacunas de la empresa que acaba de reanudar su campaña de marketing sobre su vacuna?, ¿Se ha pagado por adelantado por dicha vacuna?

¿Esta empresa farmacéutica multinacional será neutral al difundir los resultados de los estudios de un producto suyo? Por la forma en que acaba de hacer el anuncio de su supuesta eficacia, por medio de la prensa y no por publicaciones científicas serias, todo hace suponer que no serán neutrales y que podrían vender a los incautos sus productos no muy eficaces o seguros. No sería una nueva historia; sino la enésima repetición del engaño para la venta de un producto de uso en seres humanos sin mayor información que respalde su eficacia y su seguridad. Recordemos cómo un conocido científico, que ganó el Premio Nobel de Química, vendió su prestigio ante una gran empresa farmacéutica, al promover el consumo de altas dosis de vitamina C para prevenir y curar el resfrío común y también el cáncer de próstata.

¿cómo es que los medios masivos de comunicación mundial se enteran primero de la aparente eficacia de una vacuna, antes que aparezcan los resultados en una publicación científica de prestigio?

La audacia comercial de estas empresas se une con nuestra esperanzada apuesta por la vacuna contra la COVID-19. ¿Se une la audacia de una multinacional con nuestra ansiedad nacional por la vacuna o se une con nuestra corrupción? ¿Quién gana en este juego, realmente?, ¿gana la ciencia?, ¿gana el país o quién gana?, ¿cómo es que los medios masivos de comunicación mundial se enteran primero de la aparente eficacia de una vacuna, antes que aparezcan los resultados en una publicación científica de prestigio?

En los meses iniciales de la pandemia de COVID-19 se promovió el uso de la azitromicina en conjunto con hidroxicloroquina para tratar a pacientes con COVID-19. ¿Por qué se incluyó un antibiótico para el tratamiento de una enfermedad viral?, ¿era racional el uso de azitromicina para estos casos? Un reciente estudio demuestra que la distribución masiva de azitromicina incrementa notoriamente la resistencia bacteriana contra los antibióticos macrólidos y también contra otros antimicrobianos no macrólidos, en especial los aminoglicósidos, beta lactámicos, trimetroprim y metronidazol[ii]. ¿Quién ganó con la inclusión de la azitromicina para tratar casos leves de COVID-19? ¿Quién perdió? Asumimos que el incremento de la resistencia de las bacterias a los antibióticos es una pérdida para la salud pública en todo el mundo. Alguien gana con esta enorme pérdida. Recordemos cómo el gobierno del presidente Donald Trump presionó y obligó a la FDA a aprobar el uso de la hidroxicloroquina y el remdesivir para el manejo de la COVID-19, sin que se hubiese demostrado su eficacia[iii]. Después la OMS desaconsejó el uso de estos dos medicamentos para tratar a pacientes hospitalizados con esta enfermedad, pues los estudios recientes no han demostrado su eficacia.

Consideramos que las autoridades nacionales que tienen que ver con las compras de vacunas que hará nuestro país deben estar muy atentas para que el país no sea afectado negativamente por una estrategia empresarial, que busca hacerse del mercado de las vacunas anti COVID-19 antes de haber demostrado su eficacia y su seguridad. ¿Se sabe ya, por ejemplo, cuánto tiempo de protección dará esta vacuna? Existen otras candidatas a vacuna de una sola dosis, a diferencia de esta vacuna que requiere de dos dosis. Se sabe que la vacuna que comentamos requiere condiciones muy exigentes de cadena de frío que difícilmente puede garantizar el país. ¿Por qué no esperar para comprar una vacuna, igualmente eficaz, pero con requerimientos menos exigentes de la cadena de frío? En la tercera semana de noviembre otra empresa norteamericana ha publicado una nota de prensa en la que afirma que sus resultados indicarían que su vacuna logra un 94% de eficacia[iv]; pero que requiere de con condiciones mucho menos exigentes de la cadena de frío necesaria para su transporte. ¿Cuál se debería adquirir en el país?, ¿cuáles son los costos totales por dosis aplicada?

Esperemos que se publiquen las investigaciones científicas sobre las candidatas a vacunas actualmente en estudio. No hagamos que nuestras decisiones de compra nacional se basen en una campaña de marketing desligada de la ciencia. Si hacemos compras apresuradas corremos el riesgo de desprestigiar innecesariamente a las vacunas ante la opinión pública nacional, que ya tiene bastantes dudas sobre su aplicación. El desprestigio de una vacuna puede contribuir al desprestigio de todas las vacunas. Evitemos que la desconfianza sobre las vacunas crezca por nuestras decisiones apresuradas.

Evitemos comprar vacunas anti COVID-19 como se compraron en el país las llamadas pruebas rápidas para el diagnóstico de esta enfermedad. Debemos tomar decisiones de compra de vacunas una vez que se tengan resultados claros de los estudios clínicos a los que se están sometiendo las candidatas a vacunas. Compremos vacunas eficaces, efectivas y seguras. Basemos nuestras decisiones en la ciencia y no necesariamente en el marketing empresarial. Las primeras grandes compras de vacunas que debe hacer el país, lo debería hacer mediante el Mecanismo de Acceso Mundial a las Vacunas contra la COVID-19 (COVAX FACILITY) que encabeza la Organización Mundial de la Salud (OMS).


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[i] Businesswire. Pfizer and BioNTech Conclude Phase 3 Study of COVID-19 Vaccine Candidate, Meeting All Primary Efficacy Endpoints. https://www.businesswire.com/news/home/20201118005595/en/?utm_source=Nature+Briefing&utm_campaign=7eb306f0a9-briefing-dy-20201118&utm_medium=email&utm_term=0_c9dfd39373-7eb306f0a9-45258238 (18/11/2020).

[ii] Doan T, Worden L, Hinterwirth A, Arzika AM, Maliki R, Abdou A, Zhong L, Chen C, et al.  Macrolide and Nonmacrolide resistance with Mass Azithromycin Distribution. N Engl J Med 2020; 383:1941-1950. DOI: 0.1056/NEJMoa2002606. (16/11/2020).

[iii] Abbasi K. Covid-19: politicisation, “corruption”, and suppression of science. BMJ 2020;371:m4425 http://dx.doi.org/10.1136/bmj.m4425 (20/11/2020).

[iv] Callaway E. What landmark covid vaccine results mean for the pandemic. Nature.  News in focus. Vol 587:337-8. 19 November 2020. https://media.nature.com/original/magazine-assets/d41586-020-03248-7/d41586-020-03248-7.pdf (18/11/2020).

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