Autor: Kerry Quezada CornejoCurso: Historia de la Salud
Docente: Ada Pastor GoyzuetaEscuela: Medicina Humana 

La concepción mágico-religiosa fue una de las principales características de las culturas precolombinas. Existían dioses “buenos” que concedían bienestar (salud) y dioses “malos” que atraían la enfermedad (Frisancho, 2012). Asimismo, las culturas precolombinas, específicamente, las preincaicas rebasaron cualquier límite cognitivo y lograron una ventaja intelectual sobre las grandes civilizaciones como Mesopotamia o Egipto, debido a que se atrevieron a pensar metafísicamente en torno al cuerpo humano, el cual observaron y describieron minuciosamente (Gonzáles, 2018).

En ese sentido, las culturas precolombinas nos han dejado un invaluable legado por su riqueza ontológica, su fuerza histórica y sus constantes innovaciones cognitivas. Por ello, es menester plantearnos la siguiente pregunta: ¿La concepción mágico-religiosa influyó en el desarrollo de la medicina en las culturas preincaicas? Para responder dicha pregunta, primero presentaré un contraargumento que plantea que una concepción mágico-religiosa no promueve el desarrollo de la medicina, y que por el contrario la limita. Después describiré el contexto mágico-religioso y su relación con el desarrollo de las ciencias médicas de las culturas Sechín, Paracas y Moche.

Muchos consideran que adoptar una concepción mágico-religiosa limita el desarrollo del conocimiento, más aún en el campo médico, tal como es el caso del cristianismo en la Alta Edad Media. Según Laín Entralgo (1978), en esta época, “todos los niveles de la sociedad preferían las supersticiones pseudorreligiosas como remedios terapéuticamente más eficaces, en lugar de los recursos medicamentosos y quirúrgicos”. Además, la enseñanza de la medicina era difundida en los monasterios, en donde la formación era pobre en medicina y rica en teología. Por último, en el Concilio de Tours en 1163, la Iglesia declaró que aborrecía la sangre, con lo que oficialmente se prohibió la práctica quirúrgica, limitando el avance de la anatomía. No obstante, no necesariamente sucedió lo mismo en otras sociedades, un claro ejemplo es el origen de la medicina en las culturas precolombinas, la cual se vio reflejada en una cosmovisión mágico-religiosa (Frisancho, 2012).

La cultura Sechín se desarrolló hacia el final del período arcaico tardío y el comienzo del período formativo inferior (1500 a. C.), precedió a la cultura Chavín de Huántar y fue muy cercana a Caral. Por tal razón, en cuanto a su religión, “Sechín conformó uno de los focos principales donde el mundo religioso y ceremonial del antiguo Perú se materializaba, por primera vez, en forma monumental” (Bischof, 2009). Esto se relacionada con los avances anatómicos, según Gonzáles (2018), Sechín fue uno de los primeros centros arquianatómicos que se desarrolló paralelamente con las civilizaciones de Egipto y Mesopotamia. La tipología en sus piedras es la más antigua del Perú precolombino, la cuales evidencian diversas representaciones anatómicas, lo que aumenta la credibilidad de los indicios que afirman que en Sechín está el origen del conocimiento anatómico y de la disección del antiguo Perú. Los Sechines eran artistas que no grababan lo que veían, sino lo que sabían, este realismo no era óptico ni espontáneo, sino intelectual.

Gonzáles también realiza comparaciones, primero, afirma que Sechín llegó a ser cognitivamente superior que Egipto, una clara demostración de ello se encuentra en el Libro de los Muertos, este no presentaba imágenes anatómicas, a diferencia, de los grabados de Sechín, en los cuales gráficamente se representaron los hemisferios cerebrales, el tracto digestivo, la columna vertebral, etc. En general, los conocimientos anatómicos egipcios fueron escasos porque su desarrollo en anatomía tenía como fuente cognoscitiva al embalsamamiento de momias, que era realizada en la Casa de la Muerte por personas ajenas a la medicina.

Del mismo modo, Mesopotamia fue una civilización conocida por poseer la medicina más antigua del mundo, aun así, se encontró supeditada a los avances anatómicos de Sechín, esto, debido a que la concepción mesopotámica fue construida desde una postura esencialmente religiosa que no permitió que el conocimiento anatómico evolucione. Por otro lado, las ideas mágico-religiosas de Sechín, una cultura guerrera, sí permitió que los conocimientos anatómicos fueran plasmados en piedras durante un periodo donde no conocían el lenguaje escrito, pero sí el artístico. A pesar de que Sechín es uno de los primeros centros anatómicos del mundo, no ocupa aún el lugar que merece en la historia universal de la Medicina.

Mallqui (2019) afirma que la Cultura Paracas estuvo influenciada por la cultura Chavín, esta influencia se reflejó en el ámbito religioso y el gobierno teocrático. Asimismo, los Paracas practicaron el arte de la momificación, la cual parte de ella consistía en la extracción del cerebro, las vísceras y algunos músculos. Por lo que podemos inferir que los Paracas estaban familiarizados con el cuerpo humano.

Según Gonzáles (2017), Paracas representa otra cultura cumbre que ha creado incógnitas sobre sus características trepanaciones craneanas. Un buen punto de partida para su análisis lo constituye la definición del acto quirúrgico de la trepanación, se trata de la realización de incisiones en uno o más huesos de la bóveda craneana, con el objetivo de remover una porción circular o rectangular de hueso sin alterar la estructura del cráneo. Si bien es cierto, los Paracas no realizaron por primera vez este procedimiento quirúrgico, pero, alcanzaron el más alto grado de habilidad y diversidad de técnicas.

Las trepanaciones craneanas fueron difundidas por todo Sudamérica, debido a sus fines médicos para curar traumatismos y enfermedades neurológicas y psiquiátricas, así como también, debido a la idea mágica-religiosa que estas trepanaciones depuraban los espíritus malignos del enfermo (Carod & Vázquez, 2004). Aun sin tener un conocimiento preciso sobre las infecciones, poseían un gran discernimiento empírico sobre la importancia de proteger las heridas para facilitar su sanación. Cabe resaltar, que poseían un amplio conocimiento anatómico, ya que respetaban el trayecto de los senos venosos del cerebro por medio de puentes óseos (Gonzáles, 2018).

La cultura Moche se desarrolló en el Intermedio temprano y constituyó un Estado teocrático-militar. Para los Moche, la religión fue muy importante y estuvo vinculada con muchas actividades de la sociedad. En los Moche, los sacrificios tienen diversas representaciones iconográficas y escultóricas, y fueron llevados a cabo como un ritual religioso. (Castillo, 2001). En general, para las antiguas culturas precolombinas el cuerpo físico era una totalidad inseparable de lo espiritual, por ello era indispensable la conexión de la sociedad y la naturaleza con lo físico para poder superar la alteración provocada por patologías que dañaban la vitalidad interna por la disociación de sus componentes. Por tal motivo, como señala Correa (2017), en varias cerámicas escultóricas mochicas se ilustran huacos con rasgos patológicos como labio leporino y parálisis facial, y rasgos asociados al síndrome Graves-Basedow por hipertiroidismo. Gracias a la indesligable conexión física y espiritual es que, hoy en día, se conocen las enfermedades endémicas más comunes de la época como la bartonelosis, la leishmaniasis, la sífilis y la tuberculosis.

En conclusión, las ideas mágico-religiosas propias de cada cultura estuvieron relacionadas con las actividades diarias y comunes, y el campo médico no fue la excepción, por lo que esta concepción mágico-religiosa conllevó a un gran desarrollo médico de las culturas preincaicas a través del tiempo.

Es gracias a ello que, en la actualidad, podemos reconocer a Sechín como cultura madre de los conocimientos anatómicos en la historia universal, a Paracas como impulsadora de las más diversas técnicas en trepanaciones craneanas, y a Moche como iconografía de las numerosas patologías precolombinas, estas fueron tres de las más resaltantes culturas que, siglos más tarde, conformarían la base gnoseológica del imponente y poderoso imperio incaico.

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

  • Bischof, H. (2009). Los periodos Arcaico Tardío, Arcaico Final y Formativo Temprano en el valle de Casma: evidencias e hipótesis. Boletín de Arqueología PUCP, (13), 9-54.
  • Castillo, Luis Jaime. (2001). Rafael Larco Hoyle y el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera. Los Mochicas. Lima: Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera.
  • Carod, F. & Vázquez, C. (2004). Paleopatología neurológica en las culturas precolombinas de la costa y el altiplano andino (II). Historia de las trepanaciones craneales. REV. NEUROL.; 38 (9): 886-894. Disponible en: https://es.calameo.com/read/0042914811e93e3e7d82f
  • Correa, D. (2017). Presencia de paleopatologías en las representaciones mochica: Un estudio de la colección cerámica del Museo Larco. Horizonte de la Ciencia, 7(12), 43-60. Disponible en: http://revistas.uncp.edu.pe/index.php/horizontedelaciencia/article/view/336/352
  • Frisancho Velarde, Ó. (2012). Concepción mágico-religiosa de la Medicina en la América Prehispánica. Acta Médica Peruana, 29(2), 121-127.  Disponible en: http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1728-59172012000200013
  • González-Darder, J. M. (2017). La trepanación craneal  en las culturas primitivas. Neurocirugía, 28(1), 28-40. DOI: https://doi.org/10.1016/j.neucir.2016.04.003
  • Gonzáles, J. M. (2018). El conocimiento anatómico en el Perú preincaico. Hospital Gral. de Agudos “Dr. Ignacio Pirovano”, 131(4), 4.
  • Laín Entralgo, P. (1978). Historia de la medicina.
  • Mallqui León, H. E. (2019). La cultura Paracas.
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