«Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.»

Alvin Toffler(1)

“El pensamiento complejo sabe que existen dos tipos de ignorancia: la del que no sabe y quiere aprender, y la ignorancia (más peligrosa) de quien cree que el conocimiento es un proceso lineal, acumulativo, que avanza haciendo luz allí donde antes había oscuridad, ignorando que toda luz también produce, como efecto, sombras.”

Edgar Morín(2)

Iniciamos nuestra posición científica, con la definición de la situación de salud en la concepción de la ciencia emergente de Salud Pública

“situación de salud en una sociedad, es una expresión relativa y conjunta del comportamiento individual y/o colectivo del ser humano frente a la percepción objetiva que posee/en de la salud; y, que se encuentra condicionada por el contexto; entendida, como circunstancias: sociales, culturales, geográficas, demográficas, económicas, políticas entre otras”.

Si tenemos en cuenta, que toda ciencia se sustenta en la racionalidad de describir, explicar y orientar el desarrollo de la praxis profesional al servicio de la sociedad y su desarrollo, al dar respuesta frente a las necesidades de mejorar y aumentar la calidad de vida de las personas; en este sentido se convierte en un elemento cultural (código) de la vida objetivada del ser humano (3).

En este sentido, se entiende por situación de salud a la posición relativa y conjunta, que adoptan sus componentes, en un tiempo determinado y espacio definido: a) el estado de salud, b) el sistema de servicios de servicios de salud (SSS) y c) los determinantes sociales; encontrándose en un permanente y constante proceso de establecer la atención integral de la salud colectiva en una sociedad.

Este postulado metodológico constituye uno de los pilares fundamentales de la ciencia interdisciplinaria denominada: “Salud Pública”; esta visión de interdisciplinariedad surgió ante alto grado de especialización de la disciplina médica y sus especialidades, que por el reducido ámbito de su propia formación,  no podían elaborar una explicación de los problemas de salud, que trascienden los límites de su especialización.

Por esta razón, es conveniente reconocer el rol histórico de la Escuela Nacional de Salud Pública del Perú (ENSAP), que desde 1964, trató de formalizar el término de Salud Pública como ciencia interdisciplinaria, sustentado en los principios y normas de la Teoría General de Sistemas (TGS) con la estrategia pedagógica de la articulación docente asistencial, en la formación de los profesionales, tanto en el pre como en el postgrado. De esta manera, estableció el proceso de formalizarla como “ciencia emergente”; sin embargo, el universalismo del modelo médico hegemónico basado en la concepción del modelo clínico y la enfermedad, ha sido uno de los obstáculos más poderosos y predominante en esa época, para que podamos producir nuevas orientaciones a la ciencia disciplinar médica, que no solamente interrumpió el proceso de posicionamiento, sino también la hizo invisible (4).

De tal manera, que en la actualidad, se utiliza el término “Salud Publica”, con una concepción polisémica y connotativa, a las acciones sanitarias dirigidas a solucionar problemas que afecta a la población Este pensamiento ideológico, es dominante, tanto en la población civil, como en el poder político de la sociedad; igual e igualmente, se encuentra posicionado en los diferentes niveles del estatus socioeconómico y niveles de poder. Asimismo, esta postura demuestra la ausencia de una “comunidad científica local” cuya principal responsabilidad, es haber establecido y/o procurar de establecerlo como ciencia emergente o no en nuestra realidad lógica con la finalidad del planteamiento de alternativas de  solución y comprensibles para la gobernanza y la sociedad en general ante la presencia de situaciones críticas y/o complejas; igualmente, como agentes de cambio,  rol  difusor  de  políticas  técnicamente  avaladas  y  adaptadas  a   nuestra realidad socio-administrativa, política y cultural, fundamentada en la ciencia contemporánea. Este dimensionamiento de la comunidad científica es necesario precisar que la función de interlocutores conlleva situarse frente a la gobernanza, que inevitablemente se transforma en un elemento político.

La precedente definición inicial de la situación de salud, si bien es cierto, se sostiene en el pensamiento interdisciplinario lógico-positivista lineal y acumulativo; sin embargo, proyecta la idea de sistema abierto complejo propio de los fenómenos de los seres vivos y de los acontecimientos sociales. Este pensamiento científico no ha podido, ni puede desarrollarse, básicamente, sin la participación y comprometida de una comunidad científica autóctona local frente a la hegemonía absolutista del pensamiento lógico disciplinar, en todos los niveles del poder político y de nuestra sociedad; sino también, por una falta de diálogo en el mismo nivel lógico (disciplinar y transdisciplinar), con los otros niveles el ontológico y el epistemológico.

De esta manera, podemos inferir que nos encontramos frente a una situación de salud compleja, centrada en la pandemia en su condición de proceso de larga data, en el tiempo – en el concepto de pandemia y epidemia-, con un presente incierto y un futuro indeterminado que afecta a la salud colectiva y sobre todo sus efectos en el desorden global en la sociedad.

Estas características de la situación de salud ameritan en primera instancia establecer la implementación y la ejecución de acciones en el marco de la ciencia de Salud Pública; acciones ejecutadas por un equipo consistente de profesionales, armados de teoría-praxis y recursos (SSS) inherentes; con la finalidad de mitigar el momento del actual desorden situacional, en la perspectiva de establecer un orden estable objetivado por consenso de la mayoría científica y de la población civil.

Esta instancia permitiría valorar dialógicamente las experiencias que permitirían construir y establecer una “ciencia emergente”, epistemológicamente sustentado en la complejidad.

Porque, es necesario tener en cuenta que la realidad concreta de la pandemia presenta una serie de momentos encadenados entre sí, en donde cada eslabón muestra características de empeoramiento por las cualidades diferentes al anterior, y así sucesivamente se manifiestan en los eslabones siguientes; por lo que es necesario comprender, que la diferencia con el anterior estriba en la naturaleza de recursividad del efecto (causa-efecto) existentes en cada una de ellas. La imposibilidad de interpretar este carácter del fenómeno    es resultado de insistir en la praxis de las ciencias disciplinarias sin atisbos de la acción científica interdisciplinaria.

Esta consideración permitiría afirmar que ¿la “ciencia normal” y la “ciencia emergente” se encuentran en el fracaso definitivo al no haber logrado un momento con orden estable o cuasi estable?

El sentido de “fracaso definitivo” ante la persistencia cada vez más compleja del problema , es aclarada por el pensamiento complejo  afirmando que el efecto que  ha determinado el orden en un momento, por su naturaleza dialógica, de recursividad y de holograma, se convierte en causa de otro momento de desorden, que a la vez produce otro desorden con otros efectos y propiedades en forma de espiral; y así sucesivamente en una forma permanente y constante de tal forma que pueden producir un caos en el teatro de la sociedad de estudio. En esta línea de pensamiento, se entiende orden a un momento del proceso, establecido por la posición consensual de la mayoría de la “comunidad científica”.

Por todo lo expuesto, podemos sostener que nos encontramos, frente a una  “crisis” paradigmática de la ciencia “normal” y de la “ciencia emergente” de salud; resultado de la incapacidad de la medicina clínica, con deficiente e inadecuada participación de la comunidad científica local; y, asimismo, por la débil e incoherente compresión e implementación de la ciencia de Salud Pública, que además, no cuenta con una comunidad científica.

Sabemos que un paradigma se posiciona en constante y permanente; y, en su construcción convergen todas las áreas disciplinarias, de modo que las sucesivas transiciones de un paradigma a otro es el patrón del desarrollo usual de la ciencia. El fracaso de las reglas existentes, dice Kuhn (2006), es lo que sirve de preludio a la búsqueda de otras nuevas. La teoría nueva, es un intento de respuesta directa a la crisis, un signo y síntoma que demuestra la inconmensurabilidad del paradigma.  De manera que las anomalías inherentes son el preludio, y la crisis la condición previa y necesaria para el nacimiento de nuevas teorías científicas.

En tal sentido, las características de la actual situación de salud exigen un cambio de paradigma científico que permita superar la crisis y avanzar y progresar en concordancia con la Agenda 2030, para el Desarrollo Sostenible de la sociedad.

Pensamos que este paradigma debe estar apoyado esencialmente en dos concepciones básicas del:

  • Sistema social abierto, en el marco de sistema complejo por su dialógica entre sistema gobernado y sistema autogobernado
  • Pensamiento Transdisciplinario, como estrategia del pensamiento de la Complejidad, que considere que todo conocimiento es relacional, complejo, que nunca será acabado, pero, aspira al diálogo y la revisión  permanente; por esta razón, se convierte en Transdisciplina por el modo de organización de los conocimientos que trascienden las disciplinas de una forma radical; haciendo énfasis en: a) en lo que está entre las disciplinas, b) en lo que las atraviesa a todas, y c) en lo que está más allá de ellas.(5)

De ésta manera, la transdisciplina, tiene la aspiración a un conocimiento más completo posible, capaz de dialogar con la diversidad de los saberes humanos; al mismo, tiempo plantear orientaciones metodológicas que tratan de ser sensibles a la complejidad de las realidades de la vida moderna y, al mismo tiempo, estar dotadas de procedimientos rigurosos, sistemáticos y críticos, es decir, convertirse en actividad científica como método de investigación tratando de construir una epistemología de la investigación y del conocimiento complejo. Por otro lado, es conveniente enfatizar el diálogo que enmarca esta metodología demanda la apertura de habilidades no comunes en nuestra comunicación cotidiana: la sensibilización, la suspensión de juicios, el cuidado de la palabra, el desarrollo de la atención, es decir, demanda una actitud denominada “vigilia epistemológica” o “actitud científica”.

En conclusión, el método de la ciencia transdisciplinaria se encuentra sustentado en tres pilares:

  1. la complejidad, con la concepción de la naturaleza dialógica, de recursividad y de holograma de los hechos y/o fenómenos sociales interrelacionados constituyendo un todo unívoco en continuo cambio permanente y constante para avanzar y progresar.
  2. los niveles de realidad, expresión de la visión objetivada del mundo percibida por un tipo de pensamiento dominante: ontológico, lógico y de complejidad; cuya acción combinación dialogada lleva a crear valores (5) Este pilar se sustenta en el Principio de la Relatividad, que surge de la coexistencia entre la pluralidad compleja y la unidad abierta; ningún nivel de realidad constituye un lugar privilegiado desde el cual uno es capaz de entender todos los niveles de realidad. Un nivel de Realidad es lo que es porque todos los otros niveles existen al mismo tiempo; por lo que la realidad puede ser vista como un prisma de múltiples caras o niveles de realidad.
  3. la lógica del tercero incluido, o lógica de la inclusión, es una lógica de la complejidad que busca incorporar al “tercero excluido” característico de la lógica clásica, en un nivel de realidad incluyente en el cual coexisten los contradictorios. (6)

El “enfoque sistémico”, método de la TGS, parte de la concepción de sistema como una “totalidad organizada, hecha de elementos solidarios que no pueden ser definidos más que los unos con relación a los otros en función de su lugar en esta totalidad”.

Entonces, desde la perspectiva de Salud Pública ciencia interdisciplinaria con el enfoque sistémico y el análisis prospectiva, con intervención de la dialógica del tercero incluido del pensamiento complejo; nos permiten establecer un juicio crítico de algunos problemas importantes de la presente situación de salud del Perú; para posteriormente aproximarnos a un diagnóstico desde la perspectiva la ciencia transdisciplinaria.

Por ejemplo:

  • Ineficiencia e ineficacia de la praxis científica que implementa el actual concepto de pandemia sostenido exclusivamente en el componente geográfico, sin tener en cuenta la complejidad de su proceso y el efecto que produce en la sociedad mundial.
  • Inexistencia de una comunidad científica “local” que oriente una praxis adecuada a nuestra realidad política, socioeconómica, histórica y cultural.
  • Inadecuada praxis de los profesionales, como resultado de su formación en la independencia disciplinar que no permite trabajar en equipo; así como, la incoherente e inconsistente actuación en el aspecto de responsabilidad social en el nivel de comunidad civil y/o en el nivel de ejercicio del poder político. La excepción son los escasos profesionales que laboran en el primer nivel como “ fuerza de choque” en donde solamente predominan la “vocación profesional”.
  • Deficiente actitud científica profesional formada en el pensamiento lógico- positivo acumulativo y lineal, con ausencia de la Educación Permanente que busca el progreso profesional como:
    • la visión moderna de la Historia Natural de la Enfermedad desde la perspectiva de Baeaglehole, Bonita y Kjelistrom en Epidemiología Básica.
    • la comprensión actitudinal en “El Programa de Emergencias de Salud” (OMS): a) Gestión de Amenazas Infecciosas, b) Preparativos de los Países para Emergencia de Salud y Reglamento Sanitario Internacional, c) Información de Emergencias de Salud y Evaluación de Riesgos, d) Operaciones de Emergencia, y Reducción de Riesgos de Desastres y d) Programas Especiales.
    • guía de nuestra vocación: la Carta de Ottawa (1998), la Declaración de Yakarta (1997) y la Declaración de Shanghái (2016)
    • estas son algunos importantes signos y síntomas nuestra actual situación de salud.
  • Deficiente estructura física y organizacional del Sistema Nacional de Salud, en nuestro caso Sector Salud.
  • Contradicciones significativas entre la comunidad civil y el poder político.

En los problemas identificados se infiere que el centro del dilema es la salud en la visión disciplinar y en la respuesta de intervención, tanto del estamento político y sociedad civil (unos de sus componentes la “comunidad científica”), así como la asignación y participación de todos los recursos físicos, humanos,  organizacionales y culturales. En este componente, el recurso humano es muy significativo por la participación necesaria de la “conducta humana”, en esta percepción es la conducta profesional se encuentra subsumido el concepto de “actitud profesional”.

Por consiguiente, con el apoyo del pensamiento de la Complejidad (2), podemos inferir que cada uno de los problemas identificados constituyen “un tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones,  azares conforman el mundo de lo fenoménico (nivel ontológico); estos rasgos permiten ordenar lo inextricable, el desorden, la ambigüedad y la incertidumbre, estrategias para lograr la inteligibilidad nivel lógico). Esta condición, para una mayor comprensión que oriente la acción científica en los problemas identificados, requiere establecer un diálogo de la teoría y praxis de la ciencia interdisciplinaria (Salud Pública) y los principios del Pensamiento de la Complejidad en el marco de la teoría y praxis de la Ciencia Transdisciplinar.

Por consiguiente surge la pregunta ¿Cuál debe ser el centro integrador de este dialogo?

Precisamente, este trabajo pretende ser un ensayo con la intención de establecer el dialogo centrado en dos hechos: “salud” elemento central de la actual situación pandémica y la “actitud profesional” subsumido en el contexto de la praxis de respuesta. Ambas en el nivel de aproximación conceptual teórica a la racionalidad científica transdisciplinaria.

De tal manera denominaremos “Apoyo a la aproximación conceptual contemporánea del concepto de “salud” y “actitud profesional” las cuales que desarrollaremos en forma separada:

  • Aproximación Contemporánea al Concepto y Definición Científica de Salud.
  • Aproximación Contemporánea al Concepto y Definición de la “Actitud Profesional”.
  • Aproximación Contemporánea al Concepto y Definición Científica de Salud Pública.

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

  1. Esta idea, sin embargo, es de Herbert Gerjuoy, citada por Toffler en” El shock del futuro”.
  2. Morin E., et al, Educar en la Era Planetaria 2002, Gedisa Editorial, Barcelona.
  3. UNESCO: Declaración sobre la Ciencia y el uso del saber científico Adoptada por la Conferencia Mundial sobre la Ciencia. 1° de julio 1999 – Texto final.
  4. Domínguez Barrera C, El Legado de la Escuela Nacional de Salud Pública del Perú”. Documento de trabajo presentado en el Taller “Reto del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Publica en la formación de las competencias en Salud Pública del egresado de la EAP. de Medicina Humana. 2008, UNMSM, DAMPySP 2014, UNMSM, DAMPySP (actualizado).
  5. Nicolescu, Basarab, Manifesto of Transdisciplinarity 2002, New York, SUNY Press, 2002 – 169 páginas. Registrada por Book News, Inc., Portland.
  6. Morin, E, La lógica del tercero incluido En: Blog Oficial del Pensamiento Complejo http://edgarmorinmultiversidad.org/index.php/blog.html

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